Algunas escenas permanecen. Aunque mi tío Beto tenía fama de barriletero, yo no fui uno de los mayores practicantes de aquel pasatiempo de niño en noviembre. Práctica, al fin, para demostrar destreza y en ese sentido, en la década de los Ochentas, ser siniestro era motivo suficiente para quedar fuera de los juegos que implicaran habilidad manual (y si así los barriletes, ni para qué contarles del trompo o el yo-yo). Entonces, desde la infancia este asunto lo tomé como un evento maravilloso, que implicaba un talento oculto o, quizá, una especie de magia ...fuera de todo, eran bonitos los barriletes.
Aunque ponerme a escribir de este tema resultó de una
solicitud que me hiciera Anabella Maldonado por el Facebook, relativa a explicar
el fenómeno, la tendencia de narrador me llevó a este episodio, o temporada de
memorias intermitentes, en las que aparece el instrumento volador de papel. No
obstante, y entrando al aspecto histórico, los barriletes del siglo pasado
tenían algo de chinos y algo de mesoamericanos y los actuales, en gran mayoría,
son de plástico, semiindustriales y con la forma básica de un parapente (feos).
Los de antes, en términos generales, consistían en una armazón de cañas de
castilla o varillas de bambú (más chino, no se puede), a las cuales se le agregaba
un velamen de papel de china que acaparaba todo el hexágono (y continúa la
relación con el lejano oriente), que se decoraba a partir de la combinación de
colores ...nada más básico. El modelo fue tomando una especialización tal que
las decoraciones se volvieron complejas hasta el punto de incluir figuras
realistas: motivos patrióticos, animales, flores y hasta panfletos ecologistas han
surcado los cielos con la aerodinámica del papel. Y vale mencionar que, hacia
los años Treinta, en un pueblito que sólo aparece en el mapa en noviembre, la confección
del barrilete adoptó una proporción descomunal cuando el presidente, Ubico, le
dijo a los hacedores -acá parafraseo la anécdota local-: “Está bonito el
barrilete, pero ¿Por qué no lo hacen más grande?” y atendiendo a que los deseos
del dictador eran órdenes, Santiago Sacatepéquez fundó, de manos de sus
pobladores, la tradición del barrilete gigante, que a la fecha se considera un
festival que debiera, a criterio personal, optar a la categoría de Patrimonio Cultural
de la Humanidad, incluyendo la práctica revitalizada que se efectúa en Sumpango,
donde hay más espacio y la fiesta es menos sacra.
De la festividad correspondiente al día de muertos, a la que
está asociada esta práctica, escribí hace algunos años (Huellas del Coyote - Día de muertos), incluyendo algunas ideas
al respecto de la percepción que tenían los habitantes de la América Media y la
analogía del barrilete con el vuelo y la función de la mariposa. Quizá este artefacto
volador, como parte del inconsciente colectivo sea, tal cual consideraban los
pueblos originarios, una representación que permitía entablar un diálogo con aquellos
que se adelantaron en el camino del Mictlán ...y luego los romanos, los chinos
y las casualidades... Pero entre todos los fenómenos y variables que ocurren en
el territorio, a mi parecer, la tradición de los valles centrales de Guatemala,
la del papelito en la pita del barrilete es la más trascendental porque logra
la occidentalización de esa idea mesoamericana de una mariposa-papálotl (de ahí
que en México se le denomine “papalote” al barrilete) que transmite el sentir
de los vivos hacia los muertos. De esta práctica me acuerdo con una nostalgia
particular, especialmente cuando estoy viendo volar los barriletes lejos de la
ciudad donde dejé el ombligo. Acá, en San Marcos, la elaboración de esta obra
de ingeniería de la nostalgia incluye una sordina que hace ruido, que originalmente
era de tripa de carnero (si estoy mal, sean los marquenses quienes me corrijan)
y una demostración pública de la destreza que tanta ansiedad-estupefacción me
causa. El mensaje a los muertos, ese que se coloca en el cable que une el
papalote con un emisor en la tierra, no se acostumbra o, simplemente, ya no
aparece y sólo se asocia al artilugio volador con el mes de noviembre porque el
clima es propicio para elevarse.
Guillermo A. Chocano Alfaro

De niño yo hacia mis papalotes con 2 ramitas que encontrará por ahí y unas hojas de periódico, cuando crecí, ví que los chamacos los hacían con papitos comprados y plástico, después todos compraban papalotes chinos, hoy día ya nadie se acuerda de ellos. Por lo menos en Guatemala los hacen para honrar a los muertos, aunque no se eleven por lo grandes que son, pero aquí nadie los quiere hacer ni volar
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