Serie: Perspectiva turística
Las disciplinas deportivas no competitivas se han convertido
en uno de esos elementos capaces de contribuir a la diversificación de la
oferta turística. Los volcanes grandes reciben a la mayor parte de los
deportistas alternativos locales en conjunto con un buen número de extranjeros
que agregan el montañismo a su itinerario durante sus estadías en Antigua
Guatemala, Panajachel y Xela. Durante la temporada de lluvia, algunas de las
empresas capitalinas dedicadas al montañismo optan por dirigirse a los estratovolcanes
del Oriente en espera de noviembre y el fin del invierno, cuando la temporada
alta en el Altiplano se reactiva.
Acá en San Marcos vivimos al cobijo del Tajumulco, el volcán
más alto de Centroamérica, no obstante, el desplazamiento de montañistas aporta
muy poco a la economía local dado que las operadoras de aventura únicamente
gastan en parqueo para sus buses y todo lo demás (guía, alimentos,
hidratación…) lo acarrean desde el punto donde se origina el viaje.
Lo anterior, como un punto de partida, estas excursiones
resultan infructuosas para las comunidades de la zona y plantean la necesidad
de reestructurar su ejecución desde otra perspectiva, o sumar opciones
alternas, si en algún punto se pretende recuperar el trecho de ventaja que el
discurso del turismo sostenible ha sacado a la realidad de su implementación.
Los ejemplos, las estadísticas y las herramientas para el
efecto están disponibles: España, sirva de ejemplo, cuyo PIB incluye un 11%
generado por el turismo y que sufre, al contrario que Guatemala, de las
dificultades del overtourism, ha
comenzado el proceso normativo para integrar los espacios de alojamiento
alternativos disponibles a través de marketplaces digitales como AirBnB a la
dinámica turística local pues cubren ya un buen porcentaje de la demanda
hotelera que los establecimientos convencionales no pueden abastecer en lugares
como Tenerife o Madrid. La oferta de estas nuevas plazas incluye “la
experiencia” como valor agregado y es este elemento el que tiene un mayor
requerimiento entre las exigencias del turista contemporáneo.
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| Nuevos destinos y nuevas experiencias pueden generarse desde la perspectiva del senderismo en el altiplano marquense |
Si
combinásemos esa experiencia vivencial con los deportes no competitivos dentro
de un esquema de economía colaborativa, priorizando la participación de las
comunidades, contaríamos con una herramienta versátil, de excelentes
características: trekking, montañismo, competencias en campo abierto (trial),
senderismo, aviturismo y toda una extensa variedad de actividades adicionales
en contacto con la naturaleza, combinadas a su vez con un enfoque centrado en el
viajero del siglo veintiuno – informado, ecológicamente consciente, que gusta
de viajar solo, que planifica por medio del smartphone, que disminuye el
presupuesto asignado a lujos hoteleros…) le darían la oportunidad al turismo
comunitario para despuntar y convertirse en algo más que un oferta de postales
campestres que deja los mayores réditos en manos de intermediarios y lo
posicionaría como un producto dinámico, una experiencia inolvidable.
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| La experiencia la brindan las comunidades. En San Lonrenzo, los anfitriones explican cómo trenzar un chicote |
Con los datos anteriores no pretendo insinuar siquiera que
esas exorbitantes cantidades de dinero deban invertirse en San Marcos o
cualquier otra comunidad incipiente del mapa turístico guatemalteco, pero
intento demostrar que las tendencias del turismo actual, aplicando mucha
creatividad y definiendo de manera estratégica el norte de las inversiones,
pueden abrir las puertas de la diversificación de la industria de la
hospitalidad, quizá apostándole al senderismo y las experiencias, dentro de un
esquema bastante más equitativo que el imperante.




