jueves, 13 de junio de 2019

Grandes tendencias en pequeños destinos


Serie: Perspectiva turística

Los deportes no federados en campo abierto constituyen tendencia en el turismo contemporáneo
 
Las disciplinas deportivas no competitivas se han convertido en uno de esos elementos capaces de contribuir a la diversificación de la oferta turística. Los volcanes grandes reciben a la mayor parte de los deportistas alternativos locales en conjunto con un buen número de extranjeros que agregan el montañismo a su itinerario durante sus estadías en Antigua Guatemala, Panajachel y Xela. Durante la temporada de lluvia, algunas de las empresas capitalinas dedicadas al montañismo optan por dirigirse a los estratovolcanes del Oriente en espera de noviembre y el fin del invierno, cuando la temporada alta en el Altiplano se reactiva.

Acá en San Marcos vivimos al cobijo del Tajumulco, el volcán más alto de Centroamérica, no obstante, el desplazamiento de montañistas aporta muy poco a la economía local dado que las operadoras de aventura únicamente gastan en parqueo para sus buses y todo lo demás (guía, alimentos, hidratación…) lo acarrean desde el punto donde se origina el viaje.
Lo anterior, como un punto de partida, estas excursiones resultan infructuosas para las comunidades de la zona y plantean la necesidad de reestructurar su ejecución desde otra perspectiva, o sumar opciones alternas, si en algún punto se pretende recuperar el trecho de ventaja que el discurso del turismo sostenible ha sacado a la realidad de su implementación.

Los ejemplos, las estadísticas y las herramientas para el efecto están disponibles: España, sirva de ejemplo, cuyo PIB incluye un 11% generado por el turismo y que sufre, al contrario que Guatemala, de las dificultades del overtourism,  ha comenzado el proceso normativo para integrar los espacios de alojamiento alternativos disponibles a través de marketplaces digitales como AirBnB a la dinámica turística local pues cubren ya un buen porcentaje de la demanda hotelera que los establecimientos convencionales no pueden abastecer en lugares como Tenerife o Madrid. La oferta de estas nuevas plazas incluye “la experiencia” como valor agregado y es este elemento el que tiene un mayor requerimiento entre las exigencias del turista contemporáneo.
Nuevos destinos y nuevas experiencias pueden generarse desde la perspectiva del senderismo en el altiplano marquense


Si combinásemos esa experiencia vivencial con los deportes no competitivos dentro de un esquema de economía colaborativa, priorizando la participación de las comunidades, contaríamos con una herramienta versátil, de excelentes características: trekking, montañismo, competencias en campo abierto (trial), senderismo, aviturismo y toda una extensa variedad de actividades adicionales en contacto con la naturaleza, combinadas a su vez con un enfoque centrado en el viajero del siglo veintiuno – informado, ecológicamente consciente, que gusta de viajar solo, que planifica por medio del smartphone, que disminuye el presupuesto asignado a lujos hoteleros…) le darían la oportunidad al turismo comunitario para despuntar y convertirse en algo más que un oferta de postales campestres que deja los mayores réditos en manos de intermediarios y lo posicionaría como un producto dinámico, una experiencia inolvidable. 

La experiencia la brindan las comunidades. En San Lonrenzo, los anfitriones explican cómo trenzar un chicote
Claro que esto requiere inversiones puntuales y que dejen resultados efectivos. Volviendo al ejemplo de España, donde el senderismo es la tercera práctica deportiva con más atletas sobrepasando los cuatro millones de personas (dato de Europa Press1), se ha visto cómo las autoridades destinan grandes cantidades al manejo óptimo de la oferta turística. Tenerife ha destinado nueve millones de euros para la consolidación y manejo de la oferta turística, incluyendo una asignación para lo referente al senderismo; ha destinado también un poco más de catorce millones para obras públicas y la prioridad de la conectividad aérea (datos de Edición España2). Inclusive la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada FEDME ha definido a este conglomerado como una “oportunidad única” para propiciar el desarrollo horizontal y sostenible.       
   
Con los datos anteriores no pretendo insinuar siquiera que esas exorbitantes cantidades de dinero deban invertirse en San Marcos o cualquier otra comunidad incipiente del mapa turístico guatemalteco, pero intento demostrar que las tendencias del turismo actual, aplicando mucha creatividad y definiendo de manera estratégica el norte de las inversiones, pueden abrir las puertas de la diversificación de la industria de la hospitalidad, quizá apostándole al senderismo y las experiencias, dentro de un esquema bastante más equitativo que el imperante.  

Abriendo senderos

Trayecto entre los cultivos de repollo







Los días últimos de sol, previo al arranque de la temporada lluviosa, me tocó adentrarme en el bosque con el objetivo de identificar comunidades y paisaje, en las cercanías del área urbana marquense, cuyos servicios ambientales mostraran potencial en materia de senderismo. La primera jornada, a la cual me acompañó la montañista Dilma Tomás, arrancó en Agua Caliente, una aldea pequeña de la cabecera departamental donde las aguas termales brotan por todos lados. Con el apoyo don Carlos, el albacea de una de las termas y don Cástulo De León, quien por vez segunda me hace los honores de guiar uno de mis recorridos en la zona, logramos trazar una ruta de ascenso en dirección de San José Las Islas.  

Vista desde media montaña
Don Cástulo nos acompañó durante la primera parte del recorrido mostrándonos algunos de los principales nacimientos de aguas azufradas, una cueva entre las rocas, los campos de cultivo de repollo y, finalmente, el punto del río Palatzá donde cruzamos brincando entre las piedras.
Deleitarnos con el paisaje fue la recompensa que obtuvimos al esfuerzo de completar el vertiginoso ascenso, escalando en un trecho inclusive: el valle de Agua Caliente allá abajo, lleno de figuras generadas en la zona de cultivo por los aspersores giratorios, escena que teníamos a vista de águila y, al final de aquella colina sin nombre, el imponente cerro Ixtágel indicaba la dirección a seguir. Las copas de los encinos, el vacío en ambos flancos del sendero separándonos de Cucho y Ostuncalco hacia el sureste y de Las Lagunas y San Marcos al noroeste hasta que nuestra veredita se cruzó con la carretera vecinal que va para San José Las Islas. 

Y al final de la ruta un obsequio peculiar. Camino a San José Las Islas


Una tarea de leña acomodada con maestría le daba conclusión al sendero de montaña. El leñador, don Juan Miranda, originario de San Pedro Petz, elogió nuestro oficio de caminantes y explicó a detalle los recovecos del trayecto restante hacia nuestro destino y luego de una grata conversación me regaló una troza de encino que ahora ocupa un lugar preferente en el jardín interior de mi sala.
Dos jornadas más faltaron para completar la ruta que habría de concluir en la cumbre del Ixtágel. En la próxima crónica les contaré de esas andanzas. 

Esta historia y algunas más pueden complementarse con mi galería de Instagram, www.instagram.com/guillecoyote

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