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| Trayecto entre los cultivos de repollo |
Los días últimos de sol, previo al arranque de la temporada
lluviosa, me tocó adentrarme en el bosque con el objetivo de identificar
comunidades y paisaje, en las cercanías del área urbana marquense, cuyos
servicios ambientales mostraran potencial en materia de senderismo. La primera
jornada, a la cual me acompañó la montañista Dilma Tomás, arrancó en Agua
Caliente, una aldea pequeña de la cabecera departamental donde las aguas
termales brotan por todos lados. Con el apoyo don Carlos, el albacea de una de
las termas y don Cástulo De León, quien por vez segunda me hace los honores de
guiar uno de mis recorridos en la zona, logramos trazar una ruta de ascenso en
dirección de San José Las Islas.
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| Vista desde media montaña |
Don Cástulo nos acompañó durante la primera parte del
recorrido mostrándonos algunos de los principales nacimientos de aguas
azufradas, una cueva entre las rocas, los campos de cultivo de repollo y,
finalmente, el punto del río Palatzá donde cruzamos brincando entre las
piedras.
Deleitarnos con el paisaje fue la recompensa que obtuvimos
al esfuerzo de completar el vertiginoso ascenso, escalando en un trecho
inclusive: el valle de Agua Caliente allá abajo, lleno de figuras generadas en
la zona de cultivo por los aspersores giratorios, escena que teníamos a vista
de águila y, al final de aquella colina sin nombre, el imponente cerro Ixtágel
indicaba la dirección a seguir. Las copas de los encinos, el vacío en ambos
flancos del sendero separándonos de Cucho y Ostuncalco hacia el sureste y de Las
Lagunas y San Marcos al noroeste hasta que nuestra veredita se cruzó con la
carretera vecinal que va para San José Las Islas.
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| Y al final de la ruta un obsequio peculiar. Camino a San José Las Islas |
Una tarea de leña acomodada con maestría le daba conclusión
al sendero de montaña. El leñador, don Juan Miranda, originario de San Pedro
Petz, elogió nuestro oficio de caminantes y explicó a detalle los recovecos del
trayecto restante hacia nuestro destino y luego de una grata conversación me
regaló una troza de encino que ahora ocupa un lugar preferente en el jardín
interior de mi sala.
Dos jornadas más faltaron para completar la ruta
que habría de concluir en la cumbre del Ixtágel. En la próxima crónica les
contaré de esas andanzas. Esta historia y algunas más pueden complementarse con mi galería de Instagram, www.instagram.com/guillecoyote



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