jueves, 13 de junio de 2019

Abriendo senderos

Trayecto entre los cultivos de repollo







Los días últimos de sol, previo al arranque de la temporada lluviosa, me tocó adentrarme en el bosque con el objetivo de identificar comunidades y paisaje, en las cercanías del área urbana marquense, cuyos servicios ambientales mostraran potencial en materia de senderismo. La primera jornada, a la cual me acompañó la montañista Dilma Tomás, arrancó en Agua Caliente, una aldea pequeña de la cabecera departamental donde las aguas termales brotan por todos lados. Con el apoyo don Carlos, el albacea de una de las termas y don Cástulo De León, quien por vez segunda me hace los honores de guiar uno de mis recorridos en la zona, logramos trazar una ruta de ascenso en dirección de San José Las Islas.  

Vista desde media montaña
Don Cástulo nos acompañó durante la primera parte del recorrido mostrándonos algunos de los principales nacimientos de aguas azufradas, una cueva entre las rocas, los campos de cultivo de repollo y, finalmente, el punto del río Palatzá donde cruzamos brincando entre las piedras.
Deleitarnos con el paisaje fue la recompensa que obtuvimos al esfuerzo de completar el vertiginoso ascenso, escalando en un trecho inclusive: el valle de Agua Caliente allá abajo, lleno de figuras generadas en la zona de cultivo por los aspersores giratorios, escena que teníamos a vista de águila y, al final de aquella colina sin nombre, el imponente cerro Ixtágel indicaba la dirección a seguir. Las copas de los encinos, el vacío en ambos flancos del sendero separándonos de Cucho y Ostuncalco hacia el sureste y de Las Lagunas y San Marcos al noroeste hasta que nuestra veredita se cruzó con la carretera vecinal que va para San José Las Islas. 

Y al final de la ruta un obsequio peculiar. Camino a San José Las Islas


Una tarea de leña acomodada con maestría le daba conclusión al sendero de montaña. El leñador, don Juan Miranda, originario de San Pedro Petz, elogió nuestro oficio de caminantes y explicó a detalle los recovecos del trayecto restante hacia nuestro destino y luego de una grata conversación me regaló una troza de encino que ahora ocupa un lugar preferente en el jardín interior de mi sala.
Dos jornadas más faltaron para completar la ruta que habría de concluir en la cumbre del Ixtágel. En la próxima crónica les contaré de esas andanzas. 

Esta historia y algunas más pueden complementarse con mi galería de Instagram, www.instagram.com/guillecoyote

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