miércoles, 10 de abril de 2019

El sendero que lleva a Ixtágel


Visto desde el la zona 5 de San Marcos, el Ixtágel domina la meseta.
Al fondo (iz.) se observa el volcán Lacandón

Creo fervientemente que la emoción del descubrimiento debe acompañarnos toda la vida, esa curiosidad de investigador que nos hace ir más allá de los límites propuestos por la gente. Y practicando ese ejercicio de ir en busca de nuevos caminos me he topado con una montaña enorme, cuyas sorpresas no dejan de fluir en cada viaje. Esa prominencia de la tierra lleva por nombre Ixtágel y aunque está catalogada como cerro, la sabiduría local y los detalles geológicos nos indican plenamente que se trata de un volcán. 

Ixtágel es la montaña dominante del paisaje en la meseta marquense. Sobresale casi 1,000 metros del nivel del suelo - la cumbre alcanza los 3,268 metros de altitud – (dato extraído con Google Earth Pro)  y no existe otro hecho geográfico más llamativo, nada que lo oculte cuando se ve hacia el sur.
Los caminos ancestrales avanzan desde los cuatro pueblos grandes que le rodean. Desde la ciudad de San Marcos existen dos senderos que permiten visitar algunas comunidades y, al mismo tiempo, internarse en el bosque. La ruta en la que promuevo actualmente un proyecto de senderismo comienza en la aldea Agua Caliente, una zona de vida cálida y húmeda cuyo clima, único en el altiplano, se limita al pequeño valle aislado por las barrancas del alto Palatzá, río conformado por varios afluentes que nacen en las laderas del Ixtágel. Esta primera comunidad tiene una llanura, algunos balnearios que aprovechan el agua de las termas que le otorgan su nombre a la aldea y las vistas imponentes del cerro desde su arranque.

Desde el territorio aguacalentense el sendero pasa al bosque donde anida el quetzalillo (trogon mexicanus) al que siempre se le oye cantar. Luego de una hora de caminata se llega a la altura de las mesetas que albergan los poblados de San Pedro Petz y San José Las Islas, cuyo nombre responde a su parcial aislamiento, flanqueado por tres barrancas y la empinada ladera norte del edificio montano que compete a esta ruta. Esta comunidad agrícola y de pequeña industria maquilera es el segundo punto de abasto. La vereda se transforma en un camino de vaqueros que lleva, luego de un pronunciado ascenso, hasta las canteras.

  
Bandeja para el triturado de piedras. Canteras de la aldea Ixtágel

Observar el proceso de minería artesanal provoca un giro drástico en el paisaje. El encanto bucólico del paisaje y la transformación de grandes bloques de roca en pedrín en una cantera que emplea camiones reciclados como bandejas de carga, motores  como arietes y fuerza humana para la reducción de bloques “a golpe seco” es, además de una experiencia enriquecedora para el senderista, el medio principal de generación de ingresos en la zona habitada más alta del cerro. La comunidad de la aldea Ixtágel, cantera arriba, es el tercer punto de escala, el paisaje lo dominan viviendas tradicionales que cuentan con sistemas de colecta de niebla y lluvia (a estas alturas yo no se encuentran nacimientos). Al dejar el conjunto de casas un pequeño bosque donde habita la Xara de Niebla ocupa el camino para llegar a la última comunidad: Villa Nueva. Una hora más de andanzas y alcanzaremos la cumbre.

Camino a Las Torres, cumbre del Ixtágel, en caserío Villa Nueva


Seguro a la bajada nos veremos atrapados por las nubes densas que arropan el cerro y, con suerte, irá despejándose a medio descenso, justo donde el horizonte es ocupado por el terraplén marquense y engalanado por la paleta de colores del atardecer. 





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domingo, 7 de abril de 2019

El altiplano marquense… sin un motor de búsqueda



El volcán Tajumulco se observa desde la cumbre del Cerro Cotzic.


Cuando se trata de viajes en estos tiempos tan informáticos, muchos de los lugares más impresionantes del mundo pasan desapercibidos porque no se encuentran en motores de búsqueda como Trip Advisor o Airbnb. En Guatemala, donde la tecnología nos ha pegado con tubo, la cosa no termina de adaptarse a esos medios y así, espacios geográficos fascinantes como el altiplano marquense terminan ocultos, porque el país, en términos turísticos y según las redes especializadas, termina en Xela.

En los últimos siete años he ocupado muchos de mis días libres recorriendo los municipios montanos de San Marcos (el Departamento que hace frontera con México por el Sur, no el pueblito que está en la playa norte del lago de Atitlán, primer escollo en los motores de búsqueda si escribís “San Marcos”). Durante las andadas fotográficas he tenido la oportunidad de contemplar los atardeceres más sublimes del Istmo en Tejutla y Tacaná, bosques de coníferas altas que se pierden entre las nubes que ocultan la Ciudad Cabecera, que también los hay en Sibinal y en las aldeas altas de San Marcos, San Pedro y San Lorenzo; he visto al menos una docena de molinos de trigo movidos por agua que, no importando abandonados o en funciones, me envolvieron en paisajes únicos, que ninguna otra localidad del Istmo comparte y que constituyen el orgulloso patrimonio tejutleco… y los hay en otros tantos municipios. 

Laguna El Prado, San José Ojetenam

Para los amantes del agua, el altiplano marquense cuenta con dos lagunas artificiales – Una bellísima, con un puente peatonal de cables, en San José Ojetenam y otra con una pintoresca construcción de ladrillo en Santa Lucía Ixcamal. También hay ríos de aguas cristalinas en Los Cerezos (Tejutla), Cancela (Concepción Tututapa) y el alto Suchiate (Sibinal), una cascada estacional en Quipambe, el río Coatán y sus rápidos en Tacaná y la enorme lista sigue.

Particularmente, yo me disfruto andar brincando entre las piedras, así que los paseos del año previo fueron, cual queso de Taxisco, “pocos pero buenos” en materia de senderismo. Tales caminatas me permitieron escribir un artículo donde explico algunas consideraciones para registrar el complejo geológico Cerro Las Minas-Piedra Partida como un volcán de escudo. También, con la magistral guía de Coqui Morales, descendí por los ríos de lava petrificada del Taju y, finalmente recorrí, con los pintores y viajeros Rudy Ortiz y Lorenzo Pérez, los imponentes miradores del Cotzic (el cerro más alto de San Marcos sin considerar los dos majestuosos volcanes) así como los caminos que rodean el cerro Chemealón y las veredas que llevan a la presa del sector 20 de Mayo y la Hidroeléctrica Municipal, todo en jurisdicción de Tacaná. 

La Piedra Partida, saliente del lava del campo volcánico erosionado de Ojetenam

 Parques, piezas de marimba, mercados de artesanías, historia, bailes ancestrales, leyendas y, sobresaliendo entre todo, la gente más cálida de todo el occidente de Guatemala… no suelo perderme en las enumeraciones, pero este es un ejercicio que considero necesario para comenzar una conversación. Te propongo que me dejés un comentario indicándome cuál de todos los lugares de esta lista te gustaría conocer más a fondo o cuál de todos ya marcaste con un chequecito en tu lista de pendientes, así nos contamos algunas historias ¿Te parece?

Por cierto, el nombre de este blog, Las Huellas del Coyote, evoca precisamente el recorrido por todos estos caminos montanos, por los mismos bosques y senderos que regenta el Canis Latrans y con su mismo estilo de andar: contemplativo, sin prisa, aullándole a la luna, sin un motor de búsqueda… y con hambre.

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La arqueología es una buena excusa

  Rivas, Nicaragua. Mamá jaguar.              De la arqueología lo que más agradezco es haberme encontrado con tantos amigos disgregados por...