...Gradas talladas en el tascal. ¡Muchas gradas! Todas las elucubraciones, las conjeturas de la Nuca del Toro van tomando sentido con la observación, el cansancio, la emoción del camino nuevo....
“una vieja máxima mía dice que, cuando has eliminado lo imposible, lo que queda, por muy improbable que parezca, tiene que ser la verdad” [Sherlock Holmes] «La Corona de Berilios» Sir Arthur Conan Doyle
Iniciar un viaje – geográfico, espiritual, astral o en las páginas de un libro – tiene que ser una suerte de descubrimiento aun cuando el punto de partida sea el mismo. La emoción, el toque de ciencia que resiste el primer paso, hallar lo que no se ha perdido y superar la curiosidad resultan en combustible para dar el segundo paso, el tercero, los que se requieran para perder la cuenta y volverse de conjunto un camino, que será nuevo siempre aunque arranque por la misma vereda, porque ahí radica la ciencia de andar.
Desde el punto de origen que atañe a este viaje he partido
mil veces: Tejutla. En la villa mestiza que fuera capital de los altos del Soconusco
durante la época hispánica y que ahora es convergencia de habitantes y
productos del norte de San Marcos me detengo a buscar provisiones (papalinas,
galletas y una coca de 8 onzas), espero a que el Coqui salga de su casa y,
siendo ya equipo de senderistas, damos ese primer paso con la intención de
llegar a “la nuca del toro” un cerro con un nombre de esos que te sacan de
balance. Indicado el objetivo, el viaje se torna en curiosidad por aquella
geonimia que deja abierta la posibilidad a toda clase de teorías etimológicas.
Será el paraje el tema de conversación de todo el camino, será el porqué
recurrente de cada estación. El camino, desde el momento en que abandonemos la
tienda de abarrotes, será nuevo.
Dedicar tiempo al sendederismo ha implicado, para mí, el
interés por descubrir un nuevo misterio en cada viaje, misterio que puede ser
tan pequeño como el nombre científico de una flor silvestre o tan grande como las
huellas de los ríos de lava del Tajumulco, esta disciplina deportiva no
federada en América Central es mi herramienta, una excusa para salir de casa y
la solución más viable para las dificultades que enfrenta el desarrollo del
turismo en el altiplano de Guatemala. De tal cuenta y volviendo a la caminata
hacia la Nuca del Toro, el viaje comenzó por una vereda de media montaña entre un
robledal y el acantilado de la aldea Agua Tibia. En Tejutla, al tipo de suelo
metamórfico predominante le llaman “tascal” que es una especie de arenisca naranja
compacta, de extrema dureza, cuyo perfil estratigráfico se ve interrumpido por
una capa de tierra blanca que corresponde al año de 1901, a la gran explosión
del volcán Santa María. En pasajes del descenso, las botas quedaban blancas
debido a un corte reciente hecho, a punta de piocha, para ampliar la vereda en
el tascal que lleva hasta el río Xolabaj.
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| Una calliandra houstoniana cercana al puente que sortea el río Xolabaj |
El valle conserva la magia de esos lugares donde la vida fluye
porque hay agua suficiente. Caminamos un poco entre los terrenos barbechados,
entre carneros y vacas que pastan. Al pie del puente que nos permite sortear el
río se hallan unas flores blancas de pistilos rojos, en extremo largos, que
ocuparán una tarde posterior en el ejercicio taxonómico. Luego de una primera
etapa de caminata relajada ha llegado el momento de ponerse serio. Estamos en
la base de la nuca del toro y la noche amenaza con alcanzarnos. Me preocupo en ese
momento porque no conozco el camino (aunque Coqui lo ha recorrido previamente
en bicicleta) y además porque debo retornar a Tejutla antes de las siete para
tomar el autobús que me devuelva a casa. Comenzamos el ascenso.
El sendero sube más y luego desciende hacia una pregunta
nueva, pues hemos alcanzado el “puente de las campanas”. No hay más tiempo, el bus
partirá pronto y será en otro camino que esta reciente interrogante quede
resuelta. De regreso en el casco urbano debo correr para darle alcance al bus de
las siete. Ya ubicado en mi asiento, retomo la lectura de la corona de berilios
-en formato digital- y estoy en casa una hora después.
Con una hipótesis tan sólida, es cosa de hacer más sendero (y
algunas preguntas) para resolver el misterio de la Nuca del Toro. ¡Qué de senderos y nombres con las andanzas por Tejutla!
Guillermo A. Chocano Alfaro
Narrativa fotográfica en Instagram.com/guillecoyote



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