A los primeros viajes largos de mi vida fui
llevado, junto a mis hermanos, a recorrer diversos lugares del país. Mi mamá
empleaba en aquel entonces un carrito café para llevarnos a sitios no tan
distantes de la ciudad, auto que luego cambió por un Mitsubishi Celeste de
color verde (confuso, pero así era) << el equivalente de un Plymouth
Arrow en la Unión Americana>>.
Una playa lejos de la dársena del Puerto
Quetzal marcó mi gusto por los espacios privados, pues tal pertenecía a la Base
Naval y era de acceso limitado a los oficiales y sus parientes... De esa cuenta
que las playas me gusten vacías y con oleaje leve.
Cuando íbamos lejos de casa (más allá de
Antigua o Escuintla) y por varios días era la ausencia, los buses Pulman, esos
que siempre se descomponían en la ruta porque estaban diseñados para las
planicies gringas y no para las veredas caprinas de Guatemala, eran la opción
elegida. Como antes no los asaltaban, nos permitían inclusive viajar solos a
mis hermanos y a mí, sin adultos, hacia la casa de un tío que vivía en San
Marcos, adonde algunas veces acompañé también a mi abuelo, quien me heredó el
gusto de viajar en los asientos de adelante en los autobuses de parrilla.
Aquellas vacaciones me las pasaba caminando en calles empedradas y poblados de
temperamento frío pero de gente cálida. Pequeñas ciudades con caserones
antiguos que, pasadas más de dos décadas, siguen siendo uno de mis escondites
predilectos.
El otro escondite me lo dan las montañas.
Caminatas exigentes en los barrancos de Mixco me formaron como senderista y
explorador; el amor por los bosques y las alturas llegó a consolidarse gracias
a Laurence y Raúl con quienes hice, a los 14 años, mi primera incursión al
volcán de Agua al que fui tres veces más previo a los ascensos del Ipala, del
Tajumulco y el Tacaná, además de otros siete volcanes y varios cerros en todo
el país. Activo en dicha disciplina, lo que toca es salir del territorio
nacional y recorrer otras cumbres del Nuevo Continente.
Así
podría contar un sinfín de historias... el café, mi criterio alimenticio
predominante de pasta, embutidos y pescado, la ropa en bolsas plásticas, el
paisaje durante el desayuno a solas, el impermeable, el suéter y la gorra
siempre a mano... ¿Cómo nos volvemos lo que somos? simplemente, viajando.

No hay comentarios:
Publicar un comentario